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- El anuncio de la suspensión definitiva de la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Sevilla no ha cogido por sorpresa a casi nadie
- Pocos confiaban en una nueva edición
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Actualizado el 08 de febrero de 2012. 19:01
El anuncio de la suspensión definitiva de la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Sevilla no ha cogido por sorpresa a casi nadie, pocos confiaban en una nueva edición tras los sucesivos aplazamientos y las pésimas cuentas y deudas que arrastra el evento. Se apaga de este modo uno de los pocos encuentros dedicados al arte contemporáneo en la ciudad, al igual que desapareció en su día la Feria ArteSevilla que cada año congregaba en FIBES diversos expositores donde se podía tomar el pulso al mercado artístico internacional.
Tras el fracaso de esta iniciativa habría que hacer un análisis y balance sobre su corta trayectoria. Lo primero que deberíamos preguntarnos es si Sevilla necesita un evento así. Cuando se planteó la idea de celebrar algo relacionado con el arte contemporáneo, la primera apuesta fue una Bienal de Escultura.
Tras el fracaso de esta iniciativa habría que hacer un análisis y balance sobre su corta trayectoria
La idea, que no prosperó, quizás hubiera tenido mucho más sentido en una ciudad como Sevilla, cuna de grandes escultores y con piezas de una calidad insuperable, desde los dioses de Itálica hasta Susillo, pasando por las grandes obras de Montañés, Mesa o Ruiz Gijón.
Quizás un evento internacional de escultura, más reducido y asequible, hubiera tenido mayor aceptación en la ciudad, marcando una nueva etapa en la rica tradición escultórica sevillana y abriendo el abanico hacia las corrientes actuales.
Ese fue el gran talón de Aquiles de la BIACS, su presupuesto, que no daba para más y que recaía en exceso en lo público
Se optó por un proyecto general, grandilocuente, con un comisario de éxito y artistas de renombre. Se suponía que la iniciativa privada cargaría con el grueso del presupuesto y que Sevilla despuntaría en el mapa del arte contemporáneo. Pero la realidad fue que las administraciones públicas tuvieron que salir en defensa económica del proyecto para que pudiera celebrarse y que era demasiado difícil abrirse un hueco entre las bienales ya asentadas, y más precisamente con un modelo caduco.
El talón de Aquiles de la BIACS
La primera edición se celebró, llegó una segunda y se salvó in extremis una tercera, que incluso tuvo que anunciar a pocas semanas de la apertura que la subsede de Córdoba se quedaba fuera del programa por falta de presupuesto. Y ese fue el gran talón de Aquiles de la BIACS, su presupuesto, que no daba para más y que recaía en exceso en lo público. Si a eso le sumamos la mala gestión de las diferentes ediciones celebradas y la poca transcendencia mediática del evento, nos encontramos con una Bienal que no llegó a cuajar en la ciudad (como tampoco cuaja su Centro Andaluz de Arte Contemporáneo) y que ha sido suprimida sin más miramientos a la primera de cambio.
En una ciudad donde el arte contemporáneo cuesta trabajo que se abra camino, es fundamental empezar desde lo básico
¿Qué se podría haber hecho? Quizás no apuntar tan alto. En una ciudad donde el arte contemporáneo cuesta trabajo que se abra camino, es fundamental empezar desde lo básico para después ir ampliando. Tal vez no fue necesario un presupuesto tan megalómano ni un proyecto inabarcable, se podría haber hecho algo más discreto que insertara el arte contemporáneo en la ciudad para que se habituase a él y lo viera como algo cotidiano. Empezar la casa por los cimientos y no por el tejado. El fracaso de la BIACS debe servir de precedente para futuras iniciativas pero también deberíamos tomárnoslo como un aliciente para seguir apostando por la Cultura, sólo de ese modo se conseguirá una Sevilla más abierta y más crítica.

Sergio Harillo es historiador del Arte y editor del blog 'Cultura de Sevilla', uno de los portales de referencia sobre la temática en la capital hispalense. Nacido en Barcelona, desde su perspectiva profesional y la que le aporta el conocer otros lugares del mundo compara los pros y los contras, las debilidades y fortalezas, que representa Sevilla y su cultura. Una voz joven y crítica que se alza con un fin: conseguir que la capital de Andalucía brille por su excelencia cultural.
