PINTURA En la Fundación Cajasol

Ricardo Suárez reinterpreta con su pincel el paisaje del Guadalquivir

    • La muestra es el resultado de seis años de análisis de la imagen de las riberas
    • La exposición podrá visitarse hasta el 27 de noviembre

Tomás Muriel | Sevilla

Actualizado el 08 de noviembre de 2011. 21:10

La obra de uno de los hijos pródigos de la pintura sevillana regresa a casa. Ricardo Suárez (Sevilla, 1969) expone en la sala Villasís de la Fundación Cajasol A través del paisaje/ 2005-2011, su particular interpretación del entorno que envuelve al Guadalquivir a su paso por la provincia de Sevilla. Una nueva muestra en solitario en la que este autor -con un amplio palmarés de premios y el 'honor' de haber rechazado públicamente el cartel de la Semana Santa hispalense al plantear su retribución- se presenta continuador de lo legado por grandes nombres como Sánchez Perrier o Carmen Laffón. Una oportunidad para reclamar desde el arte la atención que el río se merece como motor económico de la ciudad, a partir de la visión de un niño que jugaba a ser pintor en la ribera.

El artista Ricardo Suárez

Pregunta. ¿Qué le lleva a Ricardo Suárez estudiar desde la pintura las márgenes del Guadalquivir a su paso por Sevilla?

Respuesta. La exposición me lleva a evocar varias cosas. Por un lado, es una reivindicación sobre las márgenes perdidas del Guadalquivir y que recreo partir de los recuerdos de mi propia infancia. He vivido siempre en San Juan de Aznalfarache y por tanto el río ha formado parte de mi cotidianeidad. También de la localidad, donde la edad de la gente se contaba incluso en función de las riadas que habías vivido. Por otro, es un homenaje a mi abuelo materno, pintor autodidacta a quien debo mi vocación y junto al que solía bajar a pintar la ribera. Y por último, es un toque de atención a la clase política para que de una vez por todas le den la cara al río y tomen conciencia del enorme potencial económico que encierra.

P. ¿Ha cambiado mucho ese río que conoció en su infancia respecto al de la actualidad?

R. Ha cambiado muchísimo y sobre todo para peor. Principalmente a causa del desarrollismo de los años 60 y la desaparición de la industria instalada en los márgenes. Ahora todo eso ha dado paso a un ansia desmedida por rellenar el hueco con centros comerciales que, aunque no han quedado instalados justo en la ribera, sí han dejado estrangulado al río. Pese a las barbaridades cometidas, al menos se ha hecho algo bueno como ha sido reconducir los vertidos de aguas residuales a las plantas depuradoras del entorno. Gracias a eso se está regenerado parte del ecosistema del Guadalquivir que ya se había dado por perdido.

P. ¿Y cómo queda reflejado todo eso a través de un cuadro?

R. El trabajo expuesto nace de una investigación pictórica de casi seis años sobre el río y que ha quedado materializada en una interrelación entre pintura y dibujo a través de la que realizo una interpretación personal, en clave contemporánea, de todo lo que hasta ahora nos han legado otros pintores de la zona en torno al paisaje de ribera, desde Alcalá del Río hasta las marismas. Ejerzo por tanto como continuador de lo emprendido por autores como Sánchez Perrier, Carmen Laffón o Fernando Zóbel.

P. ¿Los actuales planteamientos urbanísticos de Sevilla respetan esa reivindicación que hace del río?

R. Las ciudades están vivas y eso permite que se hagan cosas muy positivas así como grandes desastres. Lo que no se puede consentir es un planteamiento urbanístico a cuatro años vista. Con el urbanismo debería pasar como con la educación o la sanidad: debe existir un pacto de Estado en el que se establezca un planteamiento a largo plazo. Esa previsión cortoplacista, por ejemplo, se evidenció en el 92 con el puente del V Centenario, que ya nació pequeño. Eso no pasa, por ejemplo, en Nueva York. El puente de Brooklyn, construido un siglo antes, nació con una previsión de tráfico que aún hoy día lo hace útil. Lo mismo pasa con el río. Me preocupa profundamente el debate generado en torno al traspaso de competencias del río del Estado a la Junta y su planteamiento de futuro. Habría que apostar por aprovechar el potencial que el Guadalquivir tiene para los cruceros, ya que todo lo que sea meter riqueza por el río va a repercutir en la ciudad. Mientras tanto se sigue perdiendo un tiempo maravilloso en tiras y aflojas por cuestiones partidistas. Eso denota la escasa altura de miras de nuestra clase política.

P. Al hablar anteriormente de la regeneración del ecosistema del río denotaba interés por la biología. También es conocida su faceta como escritor y articulista. Facetas que trascienden su papel de pintor. ¿Se le podría considerar un humanista?

R. No soy hombre de etiquetas y mucho menos soy quien para ponérmelas. Simplemente soy una persona libre que trabaja con las manos y que no es un kamikaze a la hora de hablar. Me gusta la literatura, la pintura y todo lo que esté vinculado con el saber.

P. ¿Esa preocupación por cultivar el saber y desarrollar una actitud crítica es extensible a la sociedad sevillana?

R. La clase social de Sevilla no existe, si acaso cuatro nombres concretos. Aquí en nada de tiempo pasamos de los mantecados a las marchas de Semana Santa y parece que se produce una abducción neuronal en masa. Eso lo aprovechan precisamente algunos políticos para erigirse en líderes sociales. Ya se sabe, en el país de los ciegos el tuerto es el rey.

P. Su obra se halla a medio camino entre lo tradicional y lo contemporáneo, más encaminado sobre todo hacia lo segundo. ¿Por qué el arte actual tiene tan escasa repercusión entre el público sevillano y sí tiene tanto mercado lo clásico?

R. Todo reside en un problema de educación. Aunque eso ya comienza a cambiar a partir de generaciones como la mía, a las que se les dota de otro punto de vista. A ello se le une el creciente gusto de los jóvenes por viajar y conocer otras culturas y darnos cuenta de que Sevilla es una ciudad más, con sus pros y sus contras, pero nunca el centro del mundo. Esa riqueza que nos aporta el conocer el exterior nos hace más condescendientes y respetuosos con los creadores actuales.

P. Sevilla es conocida como grandes artistas de periodos como el barroco. ¿No despuntan ahora valores como los de antes, existiendo, más si cabe, una facultad como la de Bellas Artes?

R. En Bellas Artes entra gente con un talento tremendo y la cabeza muy bien amueblada que se choca contra una facultad en la que, salvo honrosas excepciones, existe un nepotismo y una endogamia tremenda. Prácticamente se ha convertido en un taller donde se enseña dibujo y colorido pero en el que falta un revulsivo intelectual. Eso desmoraliza a todos los que tiene que aportar algo nuevo a la ciudad y a esta disciplina.

P. ¿Qué nuestros proyectos figuran en la agenda de Ricardo Suárez tras esta A través del paisaje?

R. Vamos a lidiar este toro y luego llegará el momento de ‘formatear el disco duro’. Toca disfrutar el resultado de la exposición ya finalizada. No lo digo por las críticas, que me dan lo mismo. Pinto para mí. Si encima la crítica es favorable, pues mejor.