CRÍTICA Película 'El mundo es nuestro'

Parodia de nosotros mismos

El 'Cabesa' y el 'Culebra', dos raterillos de barrio a quienes su plan de robo no les resulta como estaba previsto. | svya.es

El 'Cabesa' y el 'Culebra', dos raterillos de barrio a quienes su plan de robo no les resulta como estaba previsto. | svya.es

Javier Rubio | Sevilla

Actualizado el 23 de junio de 2012. 19:13

La trama es tan simple que cabe en un renglón. El argumento, de un buenismo hasta ingenuo, lo firmaría Frank Capra. Y el desenlace de la situación principal –estirada durante la hora y media de duración- está en línea con el mejor Berlanga. Lo que convierte a El mundo es nuestro en la película fresca y descarada que arranca una sucesión de carcajadas del patio de butacas** es la parodia de nosotros mismos en que convierte al grupo de rehenes de una sucursal bancaria atracada por dos canis de poca monta a los que se les queda sin gasolina el escúter empepinado cuando van camino de cometer su fechoría.

Alfonso Sánchez (El Cabesa) y Alberto López (El Culebra) saben bien lo que funciona a los ojos de los espectadores gracias a la experiencia acumulada en sus vídeos de parejas de canis, de pijos o de jipis con que diseccionaban, a través de unos diálogos chispeantes, la sociedad actual. Así que con el bagaje que dan diez millones de descargas en Internet, acumulan una sucesión de gags, todos hilarantes, algunos chocarreros y la mayoría con la misma expresión soez que se puede escuchar por la calle, en los que basan la arquitectura de la película hasta llegar al clímax.

Los personajes están tratados con humanidad, salvo en el caso del especulador, para el que no hay conmiseración

Los personajes, es verdad, están tratados con humanidad salvo en el caso del especulador Ricardo, con el que el guionista no muestra un ápice de conmiseración. No hay afán por caricaturizarlos ni por reírse de ellos: al contrario, son tan de carne y hueso que cualquiera identifica decenas como ellos con sólo aguardar un ratito en la cola de banco. Y el éxito del elenco al completo es que sean reconocibles, sin punto de sobreactuación.

Ese aire paródico se observa perfectamente en los diálogos. Los dos protagonistas se expresan de una manera tan franca que retumba en los oídos, pero sus antagonistas introducen en sus líneas expresiones y giros tan afectados que cuesta creer que nadie hable así en una conversación normal. Es el guiño que necesita el espectador para caer en la cuenta a cada rato de que se trata de una parodia y como tal hay que tomarla.

Retrato de la Sevilla actual

En el fondo, El mundo es nuestro se inscribe en el género paródico a través de un retrato coral lo más amplio posible de la Sevilla actual: de sus miserias, de sus pícaros, de sus parados de chapú en chapú, de sus cajeras cuarentonas amargadas, de sus limpiadoras con los ojos pintados de azul chillón, de sus novios que riñen en cuanto él le lleva la contraria a ella, de sus empleados atildados que no se atreven a salir del armario, de sus especuladores ‘fachas’ que saben más que nadie, de sus rateros de ‘políngano’ descerebrados, de sus televisiones locales en las que florece el azahar todo el año, de sus policías incompetentes, de sus empresarios arruinados por los impagos y de una procesión que siempre está a punto de pasar por la calle sea la época del año que sea.

Sevilla le da un punto exótico, pero podría ser otra ciudad porque los caracteres descritos son universales

Es Sevilla, lo que le da un puntito exótico como reconocen sus artífices, pero podría ser cualquier otra ciudad porque los caracteres descritos son universales. La película se ríe de Sevilla, por supuesto, pero después de haberla pasado por delante del espejo cóncavo del esperpento. Pero bien reconocible que queda. Es lo que hace con la inspectora Jiménez, incapaz de entender por qué una cofradía no puede alterar su itinerario aprobado en el cabildo de Toma de Horas: es que es de Burgos, que es de donde parecen todos los sevillanos que desconocen la “idiosincracia” (sic, así lo pronuncia el subinspector Velasco) de la ciudad.

La referencia al saqueo de Mercasevilla o la llantina del novio cuando recapacita y asume cuánto de hay de verdad en lo que le dice su madre -que Sevilla Este no está cerca del centro- son guiños al público local, pero que no distraen para nada el relato cinematográfico.

  1. Gravatar

    lola rivas

    06/jun/12 (12:55)

    totalmente de acuerdo,es sevilla pura y dura,los que queremos a sevilla de verdad la reconocemos perfectamente y la tenemos que querer asi,con lo bueno y lo malo.creo que lo han hecho genial,con cariño,pero por derecho,felicidades