CRÍTICA En el Teatro Central

Israel Galván, bofetadas con curva

Israel Galván sobre las tablas del Teatro Central de Sevilla. | Adam Newby.

Israel Galván sobre las tablas del Teatro Central de Sevilla. | Adam Newby.

    • ‘La Curva’ evoca los años dadaístas y cubistas de Vicente Escudero
    • Le acompañaron además dos paisanos de Galván, la cantaora Inés Bacán y el palmero por excelencia del bailaor sevillano, Bobote
    • La pianista suiza Sylvie Courvoisier, que actualmente reside en Brooklyn, maestra del piano contemporáneo y compositora, un referente a nivel mundial del piano de vanguardia, también sobre las tablas
    • Valoración

Manuel Sualis | Sevilla

Actualizado el 04 de mayo de 2012. 18:18

El Teatro Central fue testigo del excelente momento de forma que atraviesa Israel Galván, sobre todo en el aspecto físico, con un ir y venir en el escenario, una colección de saltos, giros y por supuesto taconeos, de vértigo, de infarto. Porque al borde del infarto nos dejo a más de uno. La intensidad la marcó desde el principio Galván y la pianista suiza Sylvie Courvoisier, que actualmente reside en Brooklyn, maestra del piano contemporáneo y compositora, un referente a nivel mundial del piano de vanguardia.

Le acompañaron además dos paisanos de Galván, la cantaora Inés Bacán y el palmero por excelencia del bailaor sevillano, Bobote. Estamos hablando de La Curva un espectáculo que evocaba los años dadaístas y cubistas de Vicente Escudero, un espectáculo que busca el encuentro de dos mujeres en principio lejanas y que Israel consigue acercar.

Un espectáculo que evocaba los años dadaístas y cubistas de Vicente Escudero, un espectáculo que busca el encuentro de dos mujeres

La atonalidad en la voz de Inés Bacán fue utilizada por Israel, que bajo los dictados escénicos de Txiki Berraondo y los sabios consejos de Pedro G. “combustionaron” en explosión de cante primitivo de Inés y el toque completo y en ocasiones percusivo de Sylvie. La creación de vibraciones volaban desde el margen izquierdo del escenario en el que se encontraba la pianista con el extremo contrario donde estaba la cantaora, Israel servía de puente, de nexo de unión de dos mujeres que sin mirarse a los ojos estaban condenadas a entenderse, amén del pasillo que les abría Galván.

Las curvas se doblan y desdoblan para buscar un camino, siempre circular, como las figuras del bailaor, impredecibles, violentas y espídicas en ocasiones. Las curvas llevan intrínseco un silencio sin medida, ecos negros, técnicas depuradas en el baile y ausentes en el cante, arrugas atmosféricas de un viento gélido que desnuda árboles. Nunca sabemos que viene después de la curva, ni siquiera si la curva sera prolongada, abierta o cerrada con candado.

Las curvas se doblan y desdoblan para buscar un camino, siempre circular, como las figuras del bailaor, impredecibles, violentas y espídicas en ocasiones

Israel trajo un halo fresco en el piano de Courvoisier, dio un golpe en la mesa con la entrega de Bacán, amarro sobre seguro con Bobote y dejo de lado los recursos escénicos, repetidos en otros espectáculos. El sonido de Pedro León, fue sobresaliente, la iluminación de Rubén Camacho más abierta que en otras ocasiones, los fotógrafos lo agradecieron. Las ideas de Pedro G. sobrevuelan con sello reconocible.

Israel fue ovacionado por un público poco flamenco. Yo agradezco a este tipo de artistas que arriesguen tanto y cumplan, que nos abofeteen la cara de vez en cuando y nos recuerden que el flamenco está más vivo que nunca, también que en Sevilla, Andalucía, no valoramos lo suficiente el flamenco tan conceptual que nos ofrece Israel. De catetos en Sevilla, andamos sobrados.

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    06/jun/13 (00:28)

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